El Gobierno hace simbiosis con el Estado y esto le genera muchos beneficios a la clase social que controla el gobierno, al gobierno, pues él se aprovecha de este hecho para diluir su responsabilidad concreta en lo que sucede y no debe suceder, porque o bien perjudica al conjunto de los integrantes de una sociedad o bien porque estos integrantes no desean que así suceda, pero esta simbiosis si nosotros la aceptamos hacemos lo mismo que hace el gobierno y así le hacemos el juego a él digamos lo que digamos.
En ninguna sociedad hay unanimidad, si así fuera nunca habría conflictos sociales, ni entre los miembros, grupos o clases sociales; lo que siempre encontramos en cualquier sociedad es una lucha constante con impases y exacerbaciones, a veces soterrada, a veces abierta, puede ser muy "civilizada" como puede ser muy violenta, puede ser armada o desarmada, etc., pero esta lucha siempre existe aunque no se hable de ella y al negar la existencia de las clases sociales se hace desaparecer la lucha entre ellas y, por supuesto, nunca faltan "teóricos" que se abocan a la búsqueda de los "nuevos actores" del cambio social. Hablar así, simplemente del cambio no significa que hablemos de revolución, porque hasta de ropa se cambia uno y con eso no provocamos ninguna revolución.
Revolución, hablando en sentido social, significa un cambio de fondo de las relaciones sociales de producción y no un simple cambio de gobierno. El cambio de gobierno simplemente es eso: un simple cambio de gobierno, las relaciones sociales de producción se siguen manteniendo en pie. Si bien es verdad que en cierto sentido con la toma del gobierno, -aunque sea por medio de elecciones con las reglas establecidas por el Gobierno existente-, se puede empezar a hacer cambios que quizá algún día puedan llevar a la posiblidad de poder realizar cambios en las relaciones sociales de producción, pero para esto es indispensable el apoyo real de la gente y ésta no es una abstracción, sino que son individuos reales que tienen una determinada posición en dichas relaciones sociales de producción y no con "hacerlas iguales" en el discurso se igualarán en la vida real. El hablar de pueblo en general sin precisar que dentro de él hay diferentes clase sociales es demagógico y significa iniciar un camino que nunca nos llevará a poder realizar ningún cambio en las relaciones de producción y vacía de contenido la frase de que sólo el pueblo puede salvar al pueblo, porque dentro del pueblo no todos somos lo mismo. Los de arriba siguen siendo los de arriba y los de abajo siguen siendo los de abajo.
Las clases sociales no son invento de nadie, existen mientras haya propiedad privada sobre los medios de produccón y mientras ésta exista siempre habrá explotación, es decir, apropición de trabajo ajeno. ¡Esto es lo que se oaculta cuando se habla de pobres sin precisar que esa pobreza es originada por la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción! Mientras exista la explotación siempre se generará pobreza. La explotación necesariamente hace que se eleve la productividad de los explotados, -los trabajadores asalariados-, a estos nunca se le podría pagar el producto íntegro de su trabajo ya que con esto dejaría sin incentivo a los propietarios de los medios de producción, a los patrones que en nuestro México son los capitalistas aunque AMLO no se atreva a llamarlos así.
Una revolución sigifica no solo maquillar las cosas, no sólo barrer un poco la basura, sino significa llevar a cabo cambios realmente profundos en las relaciones sociales de producción y si en el concepto pueblo metemos a los propietarios y a los no propietarios de los medios de producción estamos haciendo demagogia o, cuando mucho, proponemos únicamente hacer reformas y no precisamente revolución.
Podemos hablar de las diferencias cuantitativas, porque es verdad que hay pequeños y mucho muy pequeños propietarios de medios de produción que viven casi siempre peor que los asalariados, pero entonces, planteemos así las cosas y no metamos a todos en un mismo costal.
El plantear las cosas en este sentido, el hablar sólo de las diferencias cuantitativas ciertamente no nos puede llevar a dejar en claro las difencias cualitativas, pero por lo menos no nos pondríamos el traje de comunistas, de verdaderos revolucionarios, sino sólo de reformistas.
En el México de hoy día vivimos en una situación en que las dierencias cuantitativas son de tal envergadura que hace que el ser reformista signifique ser revolucionario, pero ser revolucionario no es sinónimo de ser comunista en el sentido marxiano.
Y como cada pueblo paga su historia nosotros la estamos pagando, lo mejor que tenemos no significa que sea lo mejor que deba ser, sino que es "nuestro mejor" con lo que debemos marchar hacia adelante, hacia la perenne utopía.
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