domingo, 3 de mayo de 2015

EL PAPEL DEL GOBIERNO EN EL ESTADO (III)



III.-


   Nos encontramos que la sociedad está divida en dos principales clases sociales: los que son propietarios de medios de producción y aquellos que no lo son. Estas dos principales clases sociales son, -digámoslo así-, los "extremos" de la división existente entre las clases sociales, pero entre estos "extremos" existen grandes direncias cuntitativas tanto de un  "extremo" al otro como del otro al primer "extremo"

   Además, considerando que no venimos de la nada, que no existen pueblos sin historia, sino que todos tenemos un largo devenir entonces nos encontramos que la sociedad no es solamente "un todo" del cual no decimos nada, sino que es un conjunto mucho muy complejo de individuos interrelacionados entre si. Son estas interrelaciones las que forman las así llamadas "instituciones" que a su vez constituyen el Estado.

   El Estado tiene que controlar todas las "instiuciones" de la sociedad y para ello se vale de su principal "intitución" , el Gobierno; éste está formado según la historia de cada pueblo o nación. En el caso de México tenemos un gobierno constituído por tres poderes que son iguales entre sí: el Poder Ejecutivo que es unipersonal, solamente existe la figura de Presidente de la República, nada más, no hay la tan trillada "primera dama", esto es una invención de los lamepatas priístas. (Por simple sentido común si hay "primera dama" ¿quién es la segunda o la tercera, o la cuarta, etc. dama? y, lo más importante, ¿quién sería la última dama?) El otro es el Poder Legislativo que es colectivo y está formado por dos, -así llamadas-, Cámaras: La Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. Los diputados son los representantes populares, es decir cada diputado representa no sólo a sus electores, sino a todos y cada uno de los ciudadanos del país, en cambio los senadores sólo y únicamente debe defender los intereses del estado que representa. El tercer poder es el Poder Judicial que, supuestamente, debe cuidar de que la Constitución General de la Nación sea respetada en todos los actos, tanto de los otros poderes como de cualquier ciudadano.

   Ese es "nuestro" gobierno. Lo primerísimo a señalar es lo de la "primera dama" y lo del poder discrecional del que goza, porque así se le ha dado bien sea por acción o por omisión. Otras aberraciones que son legales, porque el gobierno mismo las ha legalizado, es la existencia de así llamados diputados purinominales que no fueron elegidos por nadie, salvo por los partidos políticos "legalizados" por el mismo gobierno. Como se ve a leguas a esto, simple y llanamente se le debe llamar, por lo menos, no un círculo vicioso, sino un círculo perverso. En este mismo Poder Legislativo que hace legal lo que se quiera, existen los senadores de la primera minoría, es decir senadores que no ganaron la elección, pero quedaron en segundo lugar, cabe preguntar éstos ¿a quién  reprsentan?, ¿a su entidad federal o al partido político que los postuló?  Del tercer poder, el Poder Judicial, la Suprema Corte, qué no se puede decir de ella viendo los recientes "fallos" que ha emitido. Como que mejor debería llamarse la Tremenda Corte.

   Este es nuestro gobierno, el mexicano. Habrá otros ejemplos que nos señalarán lo mismo o cosas peores, pero es el Gobierno la principal "institución" del Estado, es el gobierno el que tiene el derecho, -porque él mismo se lo dió-, de hacer uso de la fuerza, de la violencia, de la represión y como "tiene ese derecho" el uso que haga de la fuerza, en la forma que sea, es legal y por lo tanto legítimo... Y así el Estado se hace etéreo, como algo fuera de nuestras manos, divino. ¡Ah!, pero si el gobierno hace algo que sea muy condenable, -como la desaprición fozada de los 43 estudiantes de Ayootzinapa, por ejemplo-, entonces se hacen las piruetas propagandísticas necesarias para eximir al gobierno de su responsabilidad  y culpar al Estado, -esa cosa intangible-, y por lo tanto si le le responsabiliza de tal hecho en realidad se está culpando a todos y cuando se culpa a todos no se culpa a nadie. Lo condenable es hecho por el Gobierno y no por el Estado. Es directamente al gobierno a quien se le debe reponsabilizar directamente y no caer en los juegos demagógicos de la ONU que sirve siempre, -por acción o por omisión o "porque hace como que la virgen le habla"-, a las potencias imperiales y en especial al gobierno yanqui. 

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