En México desde hace muchos, muchísimos años, se ha frivolizado el uso de las palabras al grado de que con bastante frecuencia se le cambian los significados a ellas; a esto se le agrega de que nuestro castellano varía mucho de un país a otro y así nos encontramos con que pierden su significado original llegando a dar entender diferentes cosas u hechos según el país y a veces incluso las regiones de cada país, pero hay palabras que se le ha cambiado el verdadero significado por intereses nada ajenos a ciertos intereses. Lo peor de todo es que el responder a ciertos intereses este significado no verdadero es utilizado hasta por quienes declaran estar en contra de tal hecho.
Esto sucede no porque quienes lo utilizan en tal o cual forma sean faltos de cacumen, sino porque en el fondo coinciden con los intereses del Estado existente, aunque digan que no.
En México, -y ya en muchos otros lugares del mundo-, se utiliza la palabra revolución con tal ligereza que ya se le llama así a cualquier alboroto o mitote. Y esto ¿es casual? Por supuesto que no. De lo que se trata es de se trastoque el concepto, que cambie de significado o que cada quien entienda lo que quiera entender y así se logra un concepto inútil para saber precisamente lo que quiera saber y a cambio de ello se tiene un concepto bueno para nada, pero quien lo utiliza cree, -o deja entender-, que con él se está enviando un mensaje preciso; preciso para él, pero no para quienes lo escuchan o leen y de ahí en adelante sólo se consigue trnsmitir un mensaje a gusto de cada cual.
Este trastoque de los significados lo hacen los que controlan la sociedad y lo hacen de un manera masiva, es decir tienen los recursos para hacerlo bien sea a traves de los medios de comunicación masiva o utilizando los mecanismos sociales a través de las instituciones del Estado y así el resultado es de todos, todos trastocamos el término respondiendo a un determinado interés. Y el interés principalísimo del Estado es la preservación de las relaciones sociales de producción existentes, del modo de producción dominante en el cual exista la propiedad privada sobre los medios de producción. Por ejemplo así tenemos en 1910 una Revolución Mexicana cuando lo que realmante sucedió fue un cambio de modelo de acumulación de capital, pero desde que nacimos hemos oído que sí hubo un revolución que empezó en 1910 y esto lo oímos desde el hogar, la escuela, en la calle, en los sermones religiosos, en el radio o la televisión, en fin, en todos lados. El que ha promovido todo este trastoque de significado ha sido el Estado capitalista mexicano. Éste se está deshaciendo de dicho concepto, -la Revolución Mexicana-, porque ya no le es útil al existente capitalismo y en cambio su persistencia puede ocasionar algún escollo. Por eso es que el Estado mexicano se está deshaciendo de la Revolución Mexicana siguiendo los pasos necesarios: primero, conmemorarla con desfiles deportivos, luego el no, -o el casi no-, mencionarla y así sucesivamente, porque lo que se persigue es que deje de existir en la memoria colectiva del pueblo o que, si persiste, exista de una manera distorcionada y en esta distorción caemos casi todos, porque se llevó a cabo de una manera, además de truculenta, sigilosa.
La sigilosidad o truculencia no es ninguna razón para repetir lo que al Estado le interesa que repitamos, porque al hacerlo estamos haciendo exactamene lo que él persigue o bien, lo hacemos porque, aunque no lo confesemos, coincidemos con el Estado.
El coincidir o no con los intereses del Estado no tendría ninguna impotancia si fuéramos solo nosotros, pero no lo somos, porque el hombre es social siempre y por lo menos influye en uno más, si se es dirigente de alguna que llamamos organización social la influencia es mayor y ésta va creciendo a medida de que vaya creciendo el poder de convocatoria que se tenga. No existe el yo solo, el yo siempre es social, por lo tanto la responsabilidad también es social. Lo es demás es pura verborrea.
La revolucion de las conciencias existe, siempre y cuando las consciencias asuman el verdadero significado de la palabra; las conciencias es asunto de otro ámbito que no tiene conexión directa con el accionar político.
Para no caer en purismos filosóficos tomenos como iguales ambas palabras aunque no lo sean. Lo importante no es desviarnos en cuestiones de semántica. Pero sí es de vital importancia que tengamos claro que la revolución de las conciencias no es ninguna revolución, sino únicamente es que existe la imperiosa necesidad de llevar a cabo grandes cambios en esas conciencias para emprende una lucha que llegue a lograr algunos cambios importantes, pero no se está contra el Estado y por lo tanto el que se haga una revolución de las conciencias no nos llevará nunca a un cambio revolucionario, porque para que este cambio se dé es condición indispensable estar contra el Estado y no sólo pretender entrar al gobierno para hacer las cosas de otra manera siempre y cuando no se toque la propiedad privada sobre los medios de producción.... y si se tocan que sea sólo poquito y en poquitas cosas.
Y así como el Estado nos hace llegar a estas galimatías con la multimencionada revolución también hace lo mismo, por ejemplo, con los conceptos Estado y Gobierno, pero el Estado está haciendo lo que tiene que hacer para responder corretamente a la defensa de la existencia eterna de la propiedad privada sobre los medios de producción. El Estado está actuando correctamente, somos nosotros los que también debemos hacerlo, primeramente, aclarando bien las cosas y no ser una hoja al viento. Debemos siempre ser muy precisos con los términos, con los conceptos, no dar gato por liebre, aunque esto se haga por gran cantidad de gente, porque al utilizar los conceptos como el Estado ha hecho que se utilicen le estamos haciendo, -aunque digamos lo contrario-, el juego a dicho Estado.
Este trastoque de los significados lo hacen los que controlan la sociedad y lo hacen de un manera masiva, es decir tienen los recursos para hacerlo bien sea a traves de los medios de comunicación masiva o utilizando los mecanismos sociales a través de las instituciones del Estado y así el resultado es de todos, todos trastocamos el término respondiendo a un determinado interés. Y el interés principalísimo del Estado es la preservación de las relaciones sociales de producción existentes, del modo de producción dominante en el cual exista la propiedad privada sobre los medios de producción. Por ejemplo así tenemos en 1910 una Revolución Mexicana cuando lo que realmante sucedió fue un cambio de modelo de acumulación de capital, pero desde que nacimos hemos oído que sí hubo un revolución que empezó en 1910 y esto lo oímos desde el hogar, la escuela, en la calle, en los sermones religiosos, en el radio o la televisión, en fin, en todos lados. El que ha promovido todo este trastoque de significado ha sido el Estado capitalista mexicano. Éste se está deshaciendo de dicho concepto, -la Revolución Mexicana-, porque ya no le es útil al existente capitalismo y en cambio su persistencia puede ocasionar algún escollo. Por eso es que el Estado mexicano se está deshaciendo de la Revolución Mexicana siguiendo los pasos necesarios: primero, conmemorarla con desfiles deportivos, luego el no, -o el casi no-, mencionarla y así sucesivamente, porque lo que se persigue es que deje de existir en la memoria colectiva del pueblo o que, si persiste, exista de una manera distorcionada y en esta distorción caemos casi todos, porque se llevó a cabo de una manera, además de truculenta, sigilosa.
La sigilosidad o truculencia no es ninguna razón para repetir lo que al Estado le interesa que repitamos, porque al hacerlo estamos haciendo exactamene lo que él persigue o bien, lo hacemos porque, aunque no lo confesemos, coincidemos con el Estado.
El coincidir o no con los intereses del Estado no tendría ninguna impotancia si fuéramos solo nosotros, pero no lo somos, porque el hombre es social siempre y por lo menos influye en uno más, si se es dirigente de alguna que llamamos organización social la influencia es mayor y ésta va creciendo a medida de que vaya creciendo el poder de convocatoria que se tenga. No existe el yo solo, el yo siempre es social, por lo tanto la responsabilidad también es social. Lo es demás es pura verborrea.
La revolucion de las conciencias existe, siempre y cuando las consciencias asuman el verdadero significado de la palabra; las conciencias es asunto de otro ámbito que no tiene conexión directa con el accionar político.
Para no caer en purismos filosóficos tomenos como iguales ambas palabras aunque no lo sean. Lo importante no es desviarnos en cuestiones de semántica. Pero sí es de vital importancia que tengamos claro que la revolución de las conciencias no es ninguna revolución, sino únicamente es que existe la imperiosa necesidad de llevar a cabo grandes cambios en esas conciencias para emprende una lucha que llegue a lograr algunos cambios importantes, pero no se está contra el Estado y por lo tanto el que se haga una revolución de las conciencias no nos llevará nunca a un cambio revolucionario, porque para que este cambio se dé es condición indispensable estar contra el Estado y no sólo pretender entrar al gobierno para hacer las cosas de otra manera siempre y cuando no se toque la propiedad privada sobre los medios de producción.... y si se tocan que sea sólo poquito y en poquitas cosas.
Y así como el Estado nos hace llegar a estas galimatías con la multimencionada revolución también hace lo mismo, por ejemplo, con los conceptos Estado y Gobierno, pero el Estado está haciendo lo que tiene que hacer para responder corretamente a la defensa de la existencia eterna de la propiedad privada sobre los medios de producción. El Estado está actuando correctamente, somos nosotros los que también debemos hacerlo, primeramente, aclarando bien las cosas y no ser una hoja al viento. Debemos siempre ser muy precisos con los términos, con los conceptos, no dar gato por liebre, aunque esto se haga por gran cantidad de gente, porque al utilizar los conceptos como el Estado ha hecho que se utilicen le estamos haciendo, -aunque digamos lo contrario-, el juego a dicho Estado.
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